La ciudad de Castellón de la Plana me vio nacer el día 7
de noviembre del 74. Fui el 3º de 7 hermanos. Misma educación, misma casa y
distintos destinos. Debo a mis padres, José Miguel y Marisa la vida, el amor a
la música, la voz y mi apertura hacia lo trascendente. Siempre me gustó
estudiar y jugar al baloncesto. Preparando la selectividad para entrar en la
universidad me surge la pregunta de ¿por qué yo no puedo seguir a Cristo desde
la vida religiosa y el sacerdocio?. La parroquia San José Obrero de Castellón,
mi grupo juvenil Companys, pero sobretodo el P. Florencio Roselló y mi
experiencia de voluntario de prisiones desde los 17 años tuvieron la culpa de
ello.
Decidí no precipitarme, empecé la carrera de Psicología. Pronto descubrí
que tenía que intentarlo y así fue como pedí el ingreso en la Provincia
Mercedaria de Aragón. Al acabar el curso ingresé como postulante en la
comunidad de Barcelona, corría el año 93; después un segundo año de
postulantado en Zaragoza, un año de Noviciado en el monasterio de El Olivar, y
tres años más acabando Teología en Valencia. Marcho después a Barcelona para
estudiar la especialidad en Teología Fundamental en Sant Cugat del Vallès. El
año 2000 llego a la comunidad de Lleida, mi primer destino oficial. Allí me
encargo de los módulos 7 y 11 de la prisión de Ponent y del piso de acogida
que la Pastoral Penitenciaria de aquella diócesis tiene para gente que sale de
prisión. Una experiencia dura pero muy enriquecedora que me acompaña en los
pasos más importantes de mi vida: la profesión solemne, la ordenación de
diácono y la ordenación sacerdotal... todo ello el año 2001.
Aún con la
inexperiencia del llevar año y medio ordenado sacerdote y sin esperarlo recibo
un nuevo destino, la comunidad de Elche, en la que me encuentro actualmente.
Desde hace 4 años vivo en esta ciudad que tiene dos patrimonio de la
Humanidad, el Misteri D´Elx y el Palmeral, 100.000 palmeras todas protegidas.
Actualmente me encargo del Secretariado Diocesano de Pastoral Penitenciaria de
Diócesis de Orihuela-Alicante, y soy el capellán, de la prisión de
Fontcalent con unos 950 internos. Vivo y gozo, porque en estos primeros años
de sacerdocio Dios me ha regalado mucha gente maravillosa que ofrece su vida
desde la gratuidad absoluta a la gente que está en prisión, y me ha
posibilitado el encontrarme con el rostro sufriente de sus hijos presos y sus
familias cada día de mi vida.
El capítulo musical empieza desde bien
pequeño. A los 5 años ya cantaba en una coral infantil y es que la música
siempre ha sido fiel compañera de camino. No será hasta los 16 años que me
regalan una guitarra y empiezo a sacar los primeros acordes y también las
primeras canciones. Desde entonces la guitarra y la música son el medio por el
que intento hacer oración aquello que vivo, que intuyo y que deseo. Mi música
no es más que eso, un deseo, si puede ser, de llegar cada día un poquito más
cerca de Dios, aunque soy consciente de que aún estoy demasiado lejos. Bueno,
dicen que lo importante es caminar. Y en esas ando, intentando descubrir cómo
se vive y dibuja mi vocación mercedaria entre los muros de Fontcalent,
compartiendo vivencias, canciones y oración con los jóvenes de la Parroquia
San Vicente Ferrer a los que agradezco el que me desinstalen de forma continua
para buscar como Dios sale a su encuentro y sobretodo compartiendo vida y
oración con mi comunidad de religiosos mercedarios a los que agradezco su
compañía, apoyo y comprensión.

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